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EYEMAN
– Chrystos & Flydesign –
Un hombre ojo anda suelto! Las autoridades advierten que contemplar arte puede enriquecer seriamente la retina.

Se trata de un proyecto fotográfico que consistía en la creación de un personaje ficticio y la historia que lo envuelve, plasmado en tres carteles y un video compuesto por fotografía e ilustración.

Fotografía / Retoque fotográfico / Ilustración / Edición de video

Nuestra historia consta de tres partes bien diferenciadas.

La primera habla del esbozo de imaginación que hizo que el ser entrara en nuestro plano, habitando el pensamiento, con su piel pálida, su dilatada pupila, danzando tembloroso y sorprendido.

El luminoso destello del sol reflejado en el iris de intenso azul, cómo un punto de luz surcando un mar infinito.
El paisaje reflejándose en la pupila y deformándose levemente, ligeramente ovalado, temblando como la superficie de un lago.
Que observa? Que colores puede ver? De qué manera entiende este mundo, esta realidad?
Trigales, montañas, ríos, aves, el cielo, las nubes… La vida, el tiempo… Los segundos, acompasados al parpadeo.

La segunda parte, cae bajo nuestro yugo, nuestra alargada sombra. Habla de miedos, de ignorancia ante lo desconocido, de la condición humana y el rechazo.

Gritar sin emitir sonido alguno. Alimentando al silencio cómo una gota de rocío que cuelga de una hoja en una fría mañana, esperando a caer al vacío.
Había color, eso si había, había luz y por tanto sombra, oscuridad… Y por tanto, miedo.

El ser miró al mundo nuevo cómo un cachorro que huele por primera vez la hierba fresca. Parpadeó, una vez, luego otra y otra más…

Por último, cómo crudo desenlace burlón, la tercera parte habla del estrago, de la secuela en busca de cordura. De la cruda verdad saltando en la cuerda floja.
De la incredulidad y la palabra. De las altas tapias, las camisas de fuerza y de los manicomios.

La luz llegó con el primer parpadeo… Un sólo parpadeo de color azul cobalto claro, cómo el aletear de una mariposa, la visión se hizo y el ser fue…

Hay una cuarta parte desconocida.
Donde nuestras temblorosas manos escriben su nombre con letras mayusculas.

En silencio, como el ronroneo nocturno de un nicho. Después, la luz.
El fulgor del sol, el sol de este plano, desnudo, inquebrantable, desconocedor del ansia.
Y por último, el parpadeo hibernado, ligero y profundo, un parpadeo famélico…

Ni una palabra para engendrar al ser, ni una mueca, ni un guiño absurdo. Tan sólo el movimiento elegante, afinado en contraste con los ruidos de este plano, el aleteo de la moscaque se posa sobre su piel, el ulular del viento, los fragmentos de graba que este arrastra.

El solo observa, curioso. ¿Que como se siente? No puedo saberlo, tan sólo imaginar… Imagino que cabalgaba sobre el vertigo de los nuevos colores, temeroso y a la vez excitado por esta nueva realidad que se descubría ante el.